Artículo por: Miguel de Merodio.

Cuando algo es un desastre y alguien no quiere hacer nada para cambiarlo siempre dice que la causa es “la cultura”. Traducción simultánea: esto no tiene arreglo y si lo tiene, no me toca a mi arreglarlo. Pocos conceptos son tan ambiguos como la cultura en una organización… o en una familia.

Por eso, cuando hablo sobre cultura, prefiero partir de una definición. Mi preferida es la de Edgar Schein:

“La cultura es un conjunto de creencias inventadas, descubiertas o desarrolladas por un grupo a medida que aprende a afrontar sus problemas de adaptación externa y de integración interna, que ha funcionado lo suficientemente bien para ser juzgada como válida, y consiguientemente para ser enseñada a los nuevos miembros como el modo correcto de percibir, pensar y sentir sobre estos problemas”.

Como dice Schein, la cultura de un grupo humano tiene dos finalidades.

Una finalidad es la de integrar al grupo, darle cohesión interna. Por eso, cualquier cuestionamiento de la cultura actual es siempre visto como un ataque sospechoso a lo que une al grupo, a su integridad. Hasta que esa cultura es reemplazada por una nueva. En ese momento, los que permanecen defendiendo la cultura pasada se vuelven los resistentes, los desalineados, los raros, los “outsiders”.

La otra finalidad es la de posibilitar la adaptación. Si con la cultura actual, el grupo social cree que le irá mal en el futuro irán surgiendo las voces que reclamarán una cambio de cultura. Si, por el contrario, se cree que la cultura actual nos permitirá adaptarnos a lo que está por venir nadie querrá cambiarla.

Hablando concretamente de la familia, en mi opinión, hay 8 dimensiones que explican los diferentes tipos de culturas familiares.

Las dimensiones de integración son:

  • Identidad: La Familia se integra alrededor de una identidad común: apellidos, historia y mitos comunes. Y, por supuesto, espera de sus miembros conductas reconocibles como propias de la identidad común (conducta identitaria).

En algunas familias, ese “código de conducta” es más estricto y viene impuesto desde arriba. En otras, se admiten variaciones de estilo si se ajustan a una moral que se entiende identitaria pero no impuesta.

  • Relevancia: La integración familiar implica una relevancia (mucha o poca) de cada individuo. La expectativa de un nivel alto de relevancia se traduciría en “poder de decisión” (que mi voto cuente) y “poder de influencia” (que se tenga en cuenta mi opinión).

Ciertas familias reservan esa relevancia a ciertos miembros o generaciones. Otras lo extienden más.

  • Intimidad: La integración produce y requiere (consciente o inconscientemente) un determinado grado de intimidad que sus miembros estiman “normal” y, por tanto, una expectativa sobre esa intimidad.

En algunas familias eso se podría resumir en un: “pregúntame como estoy / escúchame como estoy / cuéntame como estás”. En otras: “no me cuentes nada de ti”.

  • Asertividad: La integración produce conflictos y la Familia establece un sistema para lidiar con ellos.

Algunas familias se comunican de forma asertiva y transparente para tratar sus conflictos. Otras los niegan, enmascaran o evaden.

Las dimensiones de adaptación son:

  • Propósito: La Familia impone metas comunes. Las metas pueden ser muy trascendentes (p. ej. gobernar un imperio) o más modestas (p. ej. sobrevivir el día a día). El propósito común es el “para qué adaptarse juntos”.

El grado de compatibilidad entre el propósito común y los propósitos individuales dependerá de la familia.

  • Solidaridad: La Familia impone un grado de obligación de ayuda mutua y genera, de una u otra forma, una cierta de expectativa de seguridad y cuido (alimentación, techo, educación, etc.).

Unas familias, más que otras, extienden esa obligación a miembros más lejanos (primos y tíos) y durante más tiempo (generaciones).

  • Independencia: La Familia produce un determinado grado de independencia de criterio, de formas de ver la vida, de acción que se traduce en crecimiento (adaptación) para la persona y en respeto a sus decisiones y forma de vida.

Ese grado de independencia varía según la cultura familiar. Algunas respetan un espacio personal de decisión. Otras no.

  • Flexibilidad: La Familia permite flexibilidad en los roles asignados (explícita o implícitamente) a sus miembros y, de esta forma, produce el efecto de permitir adaptarse más o menos a los estímulos internos y externos a la propia familia.

Algunas familias entienden que los roles asignados son rígidos y no intercambiables. Otras son más flexibles en permitir los cambios de roles.

La forma en la que operan esas 8 dimensiones no es caprichosa. Tiene que ver con la naturaleza de la Familia (cualquiera, no sólo la empresaria). La Familia es una estructura social especializada en convertir individuos dependientes en adultos maduros.

Pues bien, para eso la familia funciona con tensión. La tensión es consustancial a la familia. No hay que alarmarse. Tensión entre dos fuerzas: el control (protección) y la libertad (realización).

La intensidad con que esas dos fuerzas inciden en las 8 dimensiones es lo que da lugar a dos modelos culturales distintos en las familias empresarias.

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La gran paradoja es que cuanto más controladora es una cultura familiar más está incentivando su propia disgregación.

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Las familias con cultura realizadora tienen más elementos para perdurar y trascender. Para adaptarse al futuro y seguir integradas:

  • Afrontarán los conflictos asertivamente sin permitir que les debiliten.
  • La intimidad con el núcleo cercano será fuente de fortaleza.
  • La relevancia de todos les dará diversidad y favorecerá el compromiso.
  • La identidad se forjará alrededor del legado común a construir.
  • Se transformarán para adaptarse a un entorno siempre cambiante.
  • Se sentirán seguros ante los imprevistos sin sentirse obligados.
  • Promoverán la independencia y madurez de todos.
  • Estarán dispuestos a asumir roles distintos cuando sea necesario.

Si quieren leer la versión de cómo todo esto se ve ejemplificado en la Serie Game Of Thrones, les recomiendo el artículo que escribí en mi blog personal y lo pueden leer aquí: Game of Thrones y la Empresa Familiar.