Por Miguel de Merodio

Tengo el honor y el placer de colaborar con varios equipos de ejecutivos de Molinos Modernos, la compañía productora de harina de trigo y maíz, pastas y galletas de la Corporación Multi Inversiones, una de las más grandes y más respetadas corporaciones familiares de Latinoamérica.

Los equipos ejecutivos de Molinos Modernos tienen la excelente práctica de celebrar sus comités ejecutivos en un país distinto cada mes. Pero lo mejor es que no arrancan en una mesa de reuniones. Lo primero que hacen es ir a los mercados. Van a ver con sus propios ojos lo que está pasando en el mercado. Ven como están expuestos sus productos, cómo están almacenados, cómo son transportados, cómo se venden. Y hablan con sus clientes y, sobre todo, les escucha. Al acompañarles, es cuando tengo el privilegio de oír esas conversaciones. Conversaciones con dueños de supermercados, con mayoristas, con pequeños pulperos, con panaderos. Todos ellos empresarios familiares, más o menos pequeños. Incluso cuando van a hablar con las grandes cadenas de distribución hay una familia empresaria detrás.

Da igual que pensemos en México y Centroamérica o en República Dominicana y el Caribe. O en Sudamérica. Siempre es lo mismo. La espina dorsal de la economía de Latinoamérica está compuesta por redes de empresas familiares  donde una gran familia empresaria pone en marcha el engranaje de la economía conectando a proveedores familiares con la cadena de transformación: financiación, fabricación, empaque, almacenaje, transporte, distribución, mercadeo, venta y consumo. Es difícil pensar en algún sector que no tenga en su centro una familia empresaria (alimentación, textil, desarrollo inmobiliario, energía, telecomunicaciones, etc.). En cada uno de esos eslabones hay empresas familiares que progresan gracias al ímpetu de toda la cadena.

Las familias empresarias latinoamericanas, además, cumplen algunas funciones poco reconocidas que en USA o Europa asumen los estados u otras instituciones oficiales. La educación es una de ellas. Y no me refiero al sin número de fundaciones familiares que se dedican a promover la educación como parte de sus esfuerzos de responsabilidad familiar. Me refiero a educación técnica a sus clientes y proveedores. Molinos Modernos, por ejemplo, es una auténtica universidad de panaderos al darles continua asesoría técnica a sus clientes.

Pero aún hay más.

Cuando uno piensa en estos engranajes de familias empresarias que recorren toda nuestra América, uno se da cuenta de que las familias empresarias que están en el centro de cada red cumplen otro rol: el ser referentes. Suelen ser familias de tercera o cuarta generación que han conseguido superar los retos con los que sus proveedores o clientes se están enfrentando ahora.

Por eso, desde el Foro de la Empresa Familiar, colaboramos con tanto entusiasmo en la actual edición de la revista corporativa de Molinos Modernos “Pan Caliente”, dirigida a más de 16,000 panaderos, y saludamos que esté dedicando espacio muy relevante a hablar de buenas prácticas en la gestión y transformación de empresas familiares. Como dice su portada: “Familia Unida, Negocio Próspero”.

En ESTE ENLACE pueden leer nuestra colaboración con la revista.

articulo pan caliente