“La pregunta clave es si yo, siendo emprendedor, puedo combinar un negocio rentable con una visión social humana duradera. Me gusta pensar que debe ser posible. No me refiero a que el capitalismo puede evitar fiascos. Yo mismo he sido la causa de varios. El fracaso es parte de la evolución. Pero todos los días, IKEA se esfuerza por desarrollar y lograr un futuro mejor para las personas, nuestros clientes.”, decía hace ya varios años Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA.

Sobre su fuerte personalidad y visión fue construida la cultura de este gigante de muebles que más allá de los resultados empresariales busca de hacer un futuro mejor para sus clientes. La visión de IKEA está contemplada en la frase “To create a better everyday life for the many people”. Pero, más allá de un eslogan publicitario, esta es una creencia compartida por la mayor parte de la plantilla de IKEA y los estudios lo demuestran. Los empleados de esta gran empresa familiar creen que con su trabajo están contribuyendo a que mucha gente tenga un día a día mejor.

Hace ya varios años que Ingvar Kamprad se retiró de todas las responsabilidades en IKEA, pero su visión y valores, impresos en la cultura de la compañía, siguen vivas. Este carismático empresario, que en su vida personal rehúye de cualquier tipo de ostentación, no se fue antes de asegurarse de que los valores y la cultura consolidaron se mantenga fuertes para las generaciones venideras.

Hoy en día, esta actitud de la multinacional familiar se debe en primer lugar a la huella que ha dejado el fundador y que mejor quedó reflejada en un código de conducta que los empleados de IKEA llaman la “Biblia de Ikea” y que decreta, entre otras cosas, que “malgastar recursos en un pecado mortal” y “uno de los mayores males de la humanidad”. Son parte de una cultura basada en valores y sentidos compartidos.

Y también es la responsable para que, más que la rentabilidad, IKEA buscara la sostenibilidad y la mejor vida para sus clientes. El último ejemplo de ello nos viene de los Estados Unidos donde la compañía ha anunciado la retirada del mercado 29 millones de cómodas y tocadores de un modelo de cómodas. “Las cómodas y tocadores retirados son inestables si no se fijan a la pared adecuadamente, presentando un gran riesgo de volcarse y de que alguien quede atrapado, lo cual puede causar muerte o lesiones a niños”, informó la compañía sueca un comunicado.

El servicio al cliente es uno  de los pilares sobre cual fue construido el éxito de IKEA y la empresa tiene muy claro que de ello, en gran parte, depende su futuro. Pero, más allá de una decisión empresarial, la retirada del mercado de los 29 millones de cómodas ha de ser interpretada en la clave de la ética.

A diferencia de otros casos muy sonados, no fue una sentencia judicial la que impulsó la decisión sino un proceso de reflexión interna procedente de la cultura que imprime el legado familiar. Es por ello, que IKEA representa un gran ejemplo de la importancia que tienen las familias empresarias comprometidas para equilibrar la duda planteada en las palabras recogidas al inicio de este artículo.

Con la ética y los valores es posible construir una empresa socialmente rentable, que provea de más beneficios que pérdidas a la sociedad en general.

Autor: Boris Matijas, Director de Divulgación del Foro de la Empresa Familiar

 

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